El dominio de nuestra voluntad se puede comprobar constatando la fidelidad en cumplir nuestras decisiones. Por ejemplo: voy a ir a la cama todos los días a las 11,30 y me levantaré a las 7,30. Y me hago consciente y responsable del cambio de decisión. Y así todo el orden del día. Sin orden la confusión nos priva de la paz.